martires chicago

Eugène Pottier y La Internacional

Con nuestra vehemente invitación al Acto del 1° de Mayo Obrero y Socialista, acompañamos la letra de nuestro himno proletario y unas consideraciones desde el corazón mismo de la Revolución Socialista: las palabras de Lenin sobre su autor y su obra y vida.

Por supuesto que esperamos compartir con la mayor cantidad posible de compañeros, en días como los que corren, la entonación de las estrofas en el cierre mismo de la cita en lugar tan histórico como la Plaza López.

 

EUGÈNE POTTIER
(En el 25 aniversario de su muerte)

por: Vladímir Ilich Uliánov, escrito en Enero de 1913.

En noviembre del año pasado, 1912, se cumplió el vigesimoquinto aniversario de la muerte del poeta obrero francés Eugéne Pottier, autor de la célebre canción proletaria La Internacional ("Arriba, los pobres del mundo", etc.).

Esta canción ha sido traducida a todos los idiomas de Europa, y no sólo de Europa. Cualquiera sea el país en que se encuentre un obrero con conciencia de clase, cualquiera sea la suerte que el destino le depare, por mucho que pueda sentirse un extraño, sin idioma, sin amigos, lejos de su país natal, puede encontrar camaradas y amigos con el familiar estribillo de La Internacional.

Los obreros de todos los países adoptaron la canción del luchador de vanguardia, del poeta proletario, e hicieron de ella la canción mundial del proletariado.





AUGUSTE SPIES, PRESENTE!

Así como lo hicimos ayer , reproducimos hoy el discurso de uno de los Mártires de Chicago quien pidió la palabra antes de ser llevado a la horca.

Al dirigirme a este tribunal lo hago como representante de una clase enfrente de los de otra clase enemiga, y empezaré con las mismas palabras que un personaje veneciano pronunció hace cinco siglos ante el Consejo de los Diez en ocasión semejante:
Mi defensa es vuestra acusación; mis pretendidos crímenes son vuestra historia. Se me acusa de complicidad en un asesinato y se me condena, a pesar de no presentar el Ministerio Público prueba alguna de que yo conozca al que arrojó la bomba ni siquiera de que en tal asunto haya tenido intervención alguna. Sólo el testimonio del procurador del Estado y de Bonfield y las contradictorias declaraciones de Thomson y de Gilmer, testigos pagados por la policía, pueden hacerme pasar como criminal. Y si no existe un hecho que pruebe mi participación o mi responsabilidad en el asunto de la bomba, el veredicto y su ejecución no son más que un crimen maquiavélicamente combinado y fríamente ejecutado, como tantos otros que registra la historia de las persecuciones políticas y religiosas. Se han cometido muchos crímenes jurídicos aún obrando de buena fe los representantes del Estado, creyendo realmente delincuentes a los sentenciados. En esta ocasión ni esa excusa existe. Por sí mismos los representantes del Estado han fabricado la mayor parte de los testimonios, y han elegido un jurado vicioso en su origen. Ante este tribunal, ante el público, yo acuso al Procurador del Estado y a Bonfield de conspiración infame para asesinarnos.





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