A 127 años de aquel 1° de Mayo... Compañero Georg Éngel ¡Presente!

...salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos. Abajo está la concurrencia, sentada en hilera de sillas delante del cadalso como en un teatro... Firmeza en el rostro de Fischer, plegaria en el de Spies, orgullo en el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita: "la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora». Les bajan las capuchas, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos caen y se balancean en una danza espantable...

Relato de la ejecución por José Martí, corresponsal en Chicago del periódico La Nación de Buenos Aires


Este es el relato de un revolucionario que oficiaba de periodista y estaba siendo, en ese momento, protagonista de una de las injusticias mas grandes perpetuadas contra la Clase Obrera, pero que marcaron un hito en la historia del movimiento. Era José Martí, revolucionario cubano, emblema del antimperialismo cuyas palabras inspiraron a Fidel y al Che en su camino hacia la conquista del Socialismo en nuestra querida Cuba.
A 127 años de aquel glorioso 1º de Mayo donde la Clase Obrera norteamericana, consecuente y combativa, nutrida de la inmigración europea, salió a hacer cumplir la resolución que dos años antes habían decretado sus organizaciones, es necesario traer esta, nuestra historia, al presente para extraer de ella todas las enormes enseñanzas y lecciones que estos obreros y militantes nos han dejado como legado a los trabajadores del mundo.

En tiempos donde para hacer valer lo justo pareciera que hay que pedir permiso dando mil explicaciones “a dios y maría santísima” es necesario recordar que los obreros de la hoy nefasta y empresarial AFL (Federación de Trabajadores Americanos), dos años antes de la revuelta de Haymarket, el 17 de Octubre de 1884 decretaron que a partir del 1º de Mayo de 1886 la duración de la jornada de trabajo sería de 8 horas, tomando la famosa consigna de 8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de ocio. Es digno de resaltar la firmeza con que presentaban sus consignas, no reclamaban, decidían y actuaban en consecuencia. La solidez con la que se paraban frente al capital estaba basada en el convencimiento de que el pedido era justo y no necesitaban mas que el testimonio de sus propias vidas, de las penosas y agobiantes jornadas interminables de 13, 15 o 18 horas de trabajo para hacer cumplir este necesario punto, las 8 horas; era, la tenacidad de hombres que sabían que se enfrentaban a sus enemigos de clase.

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Se desarrollaron dos años de mítines, revueltas, paros, hasta que finalmente el gobierno saco una ley que estipulaba que la jornada debería acortarse a 8 hs. Pese a esto, las patronales –y podríamos decir que cualquier parecido con el presente no es pura coincidencia-, no cumplían y por ese motivo, mas de 200.000 obreros salen a la huelga, así como lo habían decretado, el 1º de Mayo de 1886.

Luego de un enfrentamiento el 3 de mayo frente a una fabrica que aun estaba trabajando de la mano de los inefables carneros, que dejo a decenas de obreros muertos y heridos, Adolph Fischer, convocó, mediante una proclama, al día siguiente, a un acto de protesta en la calle Haymarket. La proclama decía lo siguiente:
Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden... ¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!.

En Haymarket un desconocido tiró una bomba que mató a varios policías y los enfrentamientos provocaron varios obreros muertos y heridos.
La muerte de los esbirros del capital fue la excusa perfecta  para que la burguesía saliera, implacable, a perseguir a quienes habían sido los organizadores de las movilizaciones de trabajadores que eran multitudinarias pero, sobre todo, y esto las definía como peligrosas para las clases dominantes, decididas y combativas.
De lo que se trataba era de parar el “terror rojo” como decían muchos medios de prensa y cortar algunas cabezas de estos heroicos dirigentes anarquistas y socialistas cuya única “culpa” era hacer valer la razón obrera.
El juicio a los mártires de chicago fue una verdadera farsa, jamás, siquiera pudieron probar que alguno de los juzgados estuviera implicado en la muerte de los represores. De lo que si eran culpables, como muchos de ellos declararon a horas de ser ahorcados, era de pelear, consecuentemente, por una sociedad justa. Es necesario aclarar también que ninguno de los mártires renegó de aquella bomba arrojada, todo lo contrario, y así lo relata Spies en el juicio: “Si yo hubiera arrojado la bomba o hubiera sido causa de que se arrojara, o hubiera siquiera sabido algo de ello, no vacilaría en afirmarlo aquí. Cierto que murieron algunos hombres y fueron heridos otros más. ¡Pero así se salvó la vida a centenares de pacíficos ciudadanos! Por esa bomba, en lugar de centenares de viudas y de huérfanos, no hay hoy más que unas cuantas vidas y algunos huérfanos.”. Al respecto también declara Engel No niego tampoco que haya yo hablado en varios mítines, afirmando que si cada trabajador llevase una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante…”testificando sobre voluntad de combate propia y de sus compañeros.

De los 8 militantes 5 fueron condenados a muerte y 3 a reclusión perpetua. Los obreros del mundo salieron a la calle a denunciar esta atrocidad, movilizaciones en todo el orbe se realizaron hasta que en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional, reunido en París, decretó, en honor a estos compañeros, ejemplos de la lucha consecuente contra el sistema capitalista, el 1º de Mayo como el Día Internacional de los Trabajadores.

Como es costumbre en nuestra organización, queremos, en este pequeño documento reivindicar la lucha de nuestros compañeros caídos trayendo sus propias palabras que son un verdadero ejemplo para todos los trabajadores. Hoy nos encontramos con que muchos que salen a dar paseos o se juntan a comer locros todos los 1º de mayo, los “grandes dirigentes sindicales” no se le acercan ni a los talones a estos Militantes Obreros con mayúsculas que dieron hasta la vida por sus principios que estaban mas allá de aquella histórica reivindicación de la jornada de 8 horas. Es por eso que insistimos en la necesidad de leer las palabras de los compañeros durante la parodia de juicios montada por gobierno empresas y periodismo. Ellas son una clara muestra de que cuando los trabajadores tenemos el norte claro, sabemos apuntar contra nuestro enemigo, el capital y sus cipayos, ni la cercana perspectiva de la muerte hará temblar nuestra voz contra la opresión.

En esta primera entrega compartimos el discurso de Georg Engel quien, como el resto de los condenados, pidió la palabra antes de ser asesinados.

SAMUEL FIELDEN

OSCAR NEEBE

MICHAEL SWABB

apresados y condenados a cadena perpetua y trabajos forzados

GEORG ÉNGEL

ADOLF FISCHER

ALBERT PARSONS

HESSOIS AUGUSTE SPIES

LOUIS LINNG

condenados a muerte a la horca por la justicia del imperio

todos

¡PRESENTES!

HASTA LA VICTORIA!


Es la primera vez que comparezco ante un tribunal americano, y en él se me acusa de asesino. ¿Y por qué razón estoy aquí? ¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma que tuve que abandonar Alemania, por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aquí también, en esta libre República, en el país más rico del mundo, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable. Aquí he visto a seres humanos buscando algo con qué alimentarse en los montones de basura de las calles. 

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George Engel

Cuando en 1878 vine desde Filadelfia a esta ciudad, creía hallar más fácilmente medios de vida aquí que en Filadelfia, donde me había sido imposible vivir por más tiempo. Pero mi desilusión fue completa. Empecé a comprender que para el obrero no hay diferencia entre Nueva York, Filadelfia y Chicago, así como no la hay entre Alemania y esta República tan ponderada. Un compañero de taller me hizo comprender científicamente la causa de que en este rico país no pueda vivir decentemente el proletario. Compré libros para ilustrarme más, y yo, que había sido político de buena fe, abominé de la política y de las elecciones y aún comprendí que todos los partidos estaban degradados y que los mismos demócratas socialistas caían en la corrupción más completa. Entonces entré en la Asociación Internacional de los Trabajadores. Los miembros de esta Asociación están convencidos de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la historia enseña. En ella podemos aprender que la fuerza libertó a los primeros colonizadores de este país, que sólo por la fuerza fue abolida la esclavitud, y así como fue ahorcado el primero que en este país agitó la opinión contra la esclavitud, vamos a ser ahorcados nosotros.
¿En qué consiste mi crimen?
En que he trabajado por el establecimiento de un sistema social en que sea imposible el hecho de que mientras unos amontonan millones beneficiando las máquinas, otros caen en la degradación y la miseria. Así como el agua y el aire son libres para todos, así la tierra y las invenciones de los hombres científicos deben ser utilizados en beneficio de todos. Vuestras leyes están en oposición con las de la naturaleza, y mediante ellas robáis a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar.
En la noche en que fue arrojada la primera bomba en este país, yo me hallaba en mi casa. Yo no sabía ni una palabra de la conspiración que pretende haber descubierto el Ministerio Público.

Es cierto que tengo relaciones con mis compañeros de proceso, pero a algunos sólo los conozco por haberlos visto en las reuniones de trabajadores. No niego tampoco que haya yo hablado en varios mítines, afirmando que si cada trabajador llevase una bomba en el bolsillo, pronto sería derribado el sistema capitalista imperante.

Esa es mi opinión y mi deseo ... ... Yo no combato individualmente a los capitalistas; combato el sistema que da el privilegio. Mi más ardiente deseo es que los trabajadores sepan quiénes son sus enemigos y quiénes son sus amigos. Todo lo demás lo desprecio: desprecio el poder de un gobierno inicuo, sus policías y sus espías.
No tengo más que decir.