ABAJO EL GOBIERNO DE MACRI.

Si. Y lo decimos ahora, horas antes de que asuma formalmente el poder del Estado. No hacerlo significaría sumarnos a las distintas complicidades políticas que por interés de clase a la que pertenecen y representan o por, desde una posición declamativamente proletaria, orientaron a nuestra clase al tacho de basura de las elecciones burguesas.

Cuando hablamos de “clases dominantes”, “opresores”, “explotadores”, “alienación”, etc., referimos también,  justamente resultados histórico-políticos, resultados  entre los cuales no está exento el actual, donde los mismos sectores económicos que impusieron la dictadura y nuestros 30.000 compañeros desaparecidos, ahora se encaraman como jefes en el Estado mediante una “elección popular”. No es nada nuevo si consideramos que Menem fue reelecto con indulto a los genocidas y todo, que un típico oligarca como De la Rua fue electo rodeado de la caterva del Punto Final y la Obediencia Debida.  Y muchos más ejemplos a cada paso o cambio de mando.

Los intereses históricos del proletariado expresados y definidos en la ciencia Marxista, no tienen nada que ver en su resolución con las formas que impone la democracia burguesa. Está claro que partiendo de declarar a explotados y explotadores “ciudadanos” con idénticos derechos, se crea una fantasía capaz de hacer que las “elecciones” se reduzcan a optar por “candidatos” ricos que trabajan para acrecentar la ganancia de los súper ricos que a su vez sostienen  a los países más ricos del mundo. 

 De la misma manera que no admitimos esta forma de dominación, tampoco aceptamos que se reduzca a los trabajadores a la condición de “votantes” por encima de su pertenencia de clase, ya que así establecidas las reglas es inevitable que la “elección” no sea otra que la del próximo verdugo  del pueblo.

Porque  “En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad formal, proclamada por la «democracia» de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas reales que convierten a los proletarios en esclavos asalariados.

Esta contradicción es lo que abre a las masas los ojos ante la podredumbre, la falsedad y la hipocresía del capitalismo. ¡Esta contradicción es la que los agitadores y los propagandistas del socialismo denuncian siempre ante las masas a fin de prepararlas para la revolución!”(Lenin).

                                                                                                                                                                                          Sin embargo, no fue eso lo que hizo la izquierda mayoritaria de Argentina, sino que acudió al llamado burgués de presentarse ante el altar del parlamentarismo sin decir ni mu del siniestro y más elaborado sistema político de dominación. Inventando “avances de luchas” que no existieron, “recuperaciones de sindicatos” que jamás se dieron, “crecimientos en las conciencias” que no superaron Pakapaka, llevaron, ellos también, al proletariado como ganado al degüelle. Suplantaron la toma de fábricas, piquetes, tomas de facultades, etc., por spots publicitarios y afiches de gente linda, debidamente maquillada, peinada y vestida para la ocasión. La izquierda pacifista adocenada que se dedica a las elecciones, no hace revoluciones. La estrategia política que lleve a los trabajadores  y el pueblo al poder, no tendrá como trinchera una urna.

El saqueo salvaje al bolsillo y las condiciones de vida del pueblo ya está en marcha. Los conflictos sociales que se avecinan encontrará a los trabajadores de un lado y los partidos patronales como el peronismo, radicalismo y socialismo por otro.

El entretenimiento ridículo del “traspaso de mando” del kirchnerismo al macrismo, encubre que el principal resultado de la “década ganada” es Macri Presidente. Sin representar paradoja alguna, la garantía de  “gobernabilidad” del nuevo gobierno es el propio Peronismo.  La burrada erigida como máxima entre dirigentes del PJ como Scioli, reza que “si al presidente Macri le va bien, a la argentina le irá bien”; es decir, el ajuste y la represión es bueno para el país.

 

A días de conmemorar un nuevo aniversario del derrocamiento popular del gobierno de la Alianza por las mismas razones que se objetivan  con Macri,  y cuando todos los políticos burgueses nos llaman a “tener paciencia” y “dejarlo gobernar” o pretenden distraernos con heroicidades de sainete,  llamamos a la unidad de todos los trabajadores y el pueblo a enfrentar con todas nuestras fuerzas la miseria planificada, no ya pidiendo “que se vayan todos”, sino echándolos a patadas.  




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