Homenaje al compañero Edgardo Giura.

 

 

El “Cuarto”:

Su apodo lo ganó a fuerza de sostener resueltamente las banderas revolucionarias de la IV Internacional, en particular aquél punto tantas veces resistido titulado “PIQUETES DE HUELGA, DESTACAMENTO DE COMBATE, MILICIA OBRERA, EL ARMAMENTO DEL PROLETARIADO”. Su conciencia combativa no se aminoró jamás ni en las cárceles de la dictadura. “De aquí salen muertos, locos o quebrados” ordenaba Galtieri y repetían en toda la escala de represores y carceleros. Junto a muchos compañeros enfrentó aquellos objetivos de los milicos convirtiendo el encierro en una escuela revolucionaria. Su liberación en el 83’ lo encontró incólume en los principios sostenidos a pólvora y sangre por los gloriosos compañeros de los 70’. Ni la dictadura genocida ni la democracia burguesa trituradora de conciencias lo desvió un milímetro de la Revolución Socialista. Esa fue su singularidad política y personal sostenida en cada acción militante.

 

Sus días finales estuvieron marcados por los acontecimientos de Chile y Bolivia. La guerra de clases se mostraba indisimulada. Concluía que la lucha armada volvía a ocupar el escenario principal de los debates y acciones de los marxistas revolucionarios para enfrentar los “destacamentos especiales de hombres armados…”, tal como definía Engels al Estado Burgués.

Retó la cruenta enfermedad terminal con disciplina, esfuerzo y firmeza. Jamás habló de muerte, pues hasta el último suspiro la vida estaba de su lado. Junto a su compañera, hijo y nietos respondió al dolor físico tocando la guitarra, con caminatas y charlas amenas. Ante el ofrecimiento de los compañeros para atender su estado, respondió tajante: “si quieren ayudar en algo, militen”. Así era el Negro.

El pasado miércoles 27, al pie de su cajón embanderado de rojo y la figura del Che, se expresaron las palabras que transcribimos a continuación. El acto en homenaje a su vida y ejemplo finalizó entonando las estrofas de La Internacional, el puño en alto y el grito inclaudicable de Presente!

 

 

Es la tarea encomendada, ofrecer unas palabras en este homenaje, y es un honor asumirla.

Ha muerto un revolucionario:

Ateo irreconciliable, no hay velorio, ni tumba, ni cementerio, no hay rezos, ni oraciones.

Solamente este homenaje y el luto por tu ausencia física. Te fuiste en una muerte que bien sabemos no elegiste, una jugarreta de la vida; pero consciente de ella la enfrentaste con la misma valentía y coraje que marco toda tu existencia.

Así encontramos en el testamento de León Trotsky las palabras que dejaste para todos nosotros.

Marxista revolucionario, pensador teórico, analista, estratega, hombre de acción.

Y en esa consecuencia, apegado a un principio básico pronunciado por Lenin: “Un marxista se basa en la lucha de clases y no en la paz social”.

Para un marxista de tu estatura no cabe ninguna reconciliación de clases, no hay espacio para reformas, ni lugar para la tibieza. La guerra de clases es la norma general en la sociedad actual, en la etapa imperialista.

Hablar de nuestro jefe político, es reconocer a un hombre incansable, de entrega incondicional, inquebrantable, firme, comprometido con la construcción del partido revolucionario de combate.

Defensor a ultranza del marxismo revolucionario, entregado a la causa proletaria, jamás negocio con el enemigo de clase. Odio ferozmente, al burgués, el patrón, al alcahuete, al represor, al cipayo y el carnero.

Compañero Edgardo, combatiente revolucionario, setentista, ya estas hoy con los mejores hijos del pueblo, ocupando un lugar de honor junto al Che, a los héroes de Trelew, a tus compañeros caídos y tantos otros.

Se quedan aquí las acciones, tu ejemplo vivo, la teoría y el acerbo revolucionario que legaste en tus escritos; se queda aquí como patrimonio de tus continuadores, como herramienta y guía para la acción; se queda aquí tu invaluable aporte a la revolución socialista.

Brilla bien arriba estrella roja, acá izaremos la bandera proletaria y llevamos el puño izquierdo en alto.

Hasta la victoria siempre, comandante Edgardo "

 

Será que la necedad parió conmigo/ la necedad de lo que hoy resulta necio

la necedad de asumir al enemigo/ la necedad de vivir sin tener precio.”

 

 

Reproducimos algunos mensajes de organizaciones y compañeros.


 

 

 

 

 

 

 

 

 



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