NI LOS GOBIERNOS NI LOS PATRONES, AL SALARIO LO DEFINIMOS LOS TRABAJADORES

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Somos los trabajadores quienes con nuestro esfuerzo físico e intelectual creamos todas las riquezas (el conjunto de los bienes materiales y espirituales) no podemos ni debemos seguir así. Gobierno tras gobierno se agudiza y profundiza la precarización de nuestro trabajo y se achica nuestro salario a un nivel (en más de la mitad de los trabajadores del país) por debajo de la línea de la pobreza. Pobreza que las patronales tanto privadas como del Estado han generado, en pos de la obtención de mayores ganancias en un caso y de ajuste en otro.  En esta situación de pandemia, el capitalismo ha acelerado su descomposición y por ende la barbarie, volviéndose más parasitario, depredador y carroñero. En el caso de nuestro país, el pago de la deuda externa y el salvataje a las empresas multinacionales  son el eje fundamental de su política y para nosotros miserables salarios con los que a duras penas llegamos a cubrir los gastos de la tercera parte del mes. Como siempre ha ocurrido en este sistema de desigualdad social y explotación, somos los trabajadores quienes debemos sacrificarnos, y nos dicen que debemos sentirnos “privilegiados” por trabajar aun con la miseria salarial que nos pagan haciendo nuestra vida totalmente indigna. Por esta razón es que la lucha por el salario es un tema que no puede ser postergado, es  eje central del reclamo, juntamente con la mejora en las condiciones laborales.

Salario igual a la canasta familiar -hoy por encima de los $ 100.000- con actualización automática según el aumento mensual del costo de vida y pago de la misma mes a mes.

 

Lejos estamos de despreciar la ciencia y sus métodos, pero sí despreciamos que su uso sea para justificar y legitimar la miseria  al momento de definir  el precio de nuestras vidas, es decir nuestro salario. Por eso como trabajadores decidimos tomar el caso real, de una familia real de trabajadores con 2 hijos adolescentes, que sacaron las cuentas de cuál es el valor de su vida mensual,  decimos de la vida llevada con cierta dignidad, una vida donde se pueda comer 2 veces al día con el menú de cualquier laburante.  Sin ningún lujo, solo alimentarse, e ir a trabajar, estudiar, con un estado de salud sin complicaciones, y turnándose para la compra de vestimenta y zapatillas. Aquí los números:

Los valores de los alimentos y artículos de limpieza e higiene fueron obtenidos a pie de góndola, buscando lo más barato y con una calidad media de la página https://www.cotodigital3.com.ar/sitios/cdigi/, los gastos del hogar corresponden a valores actuales de alquiler y tarifas promedio. Los gastos de transporte para un integrante de la familia que debe ir a trabajar y otro integrante cursando estudios superiores. Los gastos médicos se corresponden a 2 consultas de controles médicos y una odontológica y gastos promedio en prácticas médicas (laboratorio, RX) y medicamentos básicos, como analgésicos y anticonceptivos. (Julio 2020)

Este sencillo ejercicio, lo puede realizar cualquier familia trabajadora, y seguramente no diferirá demasiado el número. Entonces cómo se explica que tanto el gobierno, las patronales y los burócratas sindicales nos digan que se puede vivir con menos, cómo se explica que los sesudos estadísticos del estado, Ongs y observatorios quieran hacernos tragar el sapo de que con algún porcentaje de aumento estamos hechos. No compañeros, no existe porcentaje que pueda conformarnos ante tal caída del poder adquisitivo y tenemos los sueldos congelados desde diciembre. Los burócratas sindicales que obran de paritarios han hecho la plancha desde el inicio de la cuarentena, en una actitud abiertamente colaboracionista y complaciente con el gobierno hambreador, a tal punto que ya resulta difícil distinguir entre el discurso del gobierno y uno de la burocracia. Simplemente se han transformado en sus voceros, desoyendo e ignorando los reclamos de las bases.

El salario no es joda. Define las condiciones de vida, es literalmente el precio de nuestras vidas y la de nuestra familia. Trabajadores ocupados y desocupados, esa diferencia no puede existir en nuestra clase, porque somos como las piezas de un juego que hoy ocupamos un lugar y mañana otro por simple antojo del patrón.

El valor parece loco e imposible $103.448,36, pero compañeros esta es la realidad, y seguramente habrá sectores del reformismo y la burocracia que nos dirán que “es imposible”, “hay que reclamar menos”, “no lo podemos conseguir”, que“hay otros que están en peores condiciones que nosotros”.A eso responderemos: esto es lo que necesitamos los trabajadores ocupados, desocupados y jubilados y por esto debemos organizarnos y luchar. Si los ricos y poderosos no pueden resignar sus ganancias, nosotros tampoco podemos resignar nuestros reclamos y derechos conquistados, hay que hacerles pagar la crisis, no hay paz posible cuando lo que está en juego es la dignidad de la clase trabajadora.
 

BASTA DE SER LOS TRABAJADORES QUIENES PAGUEMOS LAS CRISIS.

POR UN SALARIO IGUAL A LA CANASTA FAMILIAR, CON NUMEROS SACADOS POR LOS PROPIOS TRABAJADORES