O la "paz social" de la burocracia y pagar la crisis con nuestra sangre; o lucha obrera y popular por nuestros derechos con organización clasista

La situación de la clase obrera argentina, y particularmente de aquella que se encuentra concentrada en el cordón que va desde Puerto San Martín a Campana, es bastante compleja y complicada. La crisis capitalista mundial ha dejado al desnudo la ausencia de una dirección capaz de transformar los conflictos en luchas que puedan conducir al crecimiento de la conciencia y la acción proletaria.

La confianza depositada en la burocracia sindical, en parte producto de la falta de experiencia de muchos trabajadores jóvenes y un relajamiento frente a la gravedad de la situación, demuestran que la tarea de reconstruir y recomponer el clasismo resulta hoy impostergable.
Haciendo un balance de un año a esta parte, vemos que las avanzadas patronales se caracterizan por la complicidad de la burocracia sindical para mantener aislados los conflictos de las distintas industrias para que no se logre una unidad efectiva de los trabajadores. En cambio sí existió y existe una unidad  superestructural entre burócratas para cerrar los peores acuerdos.

No alcanzan las carpas, las movilizaciones, no alcanza con los cortes parciales o totales de ruta, si no se lleva adelante un plan de lucha que contemple resoluciones definitivas y favorables a los trabajadores, que no deposite expectativas en los despachos del Ministerio de Trabajo.
El daño a la conciencia obrera es tan grande  que solo así podemos explicar porque se ha naturalizado la conciliación de los intereses de clase.
Nos dicen el Gobierno y la patronales que "hay una lenta recuperación" que "estamos saliendo de la crisis", pero lo que no nos dicen es que esto es producto de que esa crisis la estamos pagando los trabajadores.

En empresas como Malhe y Paraná Meta l, por solo poner dos ejemplos, dicen que no hubo despidos. Sin embargo sí los hubo. En Mahle abarca la totalidad de los trabajadores y en otras empresas un gran número de compañeros se vio obligado aceptar el retiro voluntario o la jubilación anticipada, y hasta son estimulados por los burócratas sindicales. Desde Petrobras desde hace ya un año, donde la empresa fue ayudada por la CGT San Lorenzo a que los trabajadores acepten, hasta Siderar en San Nicolás el proceso es el mismo.

Entonces esos puestos de trabajo no se vuelven a recuperar más, no hay otros compañeros que ingresen a trabajar en lugar de los que se fueron. La política de los retiros voluntarios es totalmente perversa porque deja a los compañeros en total soledad frente al patrón y los burócratas sindicales se lavan las manos argumentando que esa es una decisión personal.
Malhe y Paraná Metal fueron presentados como ejemplos de lucha, sin embargo, esa supuesta lucha ejemplar fue conducida por la burocracia de la UOM que definió negociaciones a través de la UOM nacional con Caló a la cabeza, con los resultados que a todos nos afectan.

No podemos andar exigiendo que la UOM o la CTA y mucho menos la CGT se pongan a la cabeza cuando son precisamente ellos quienes nos conducen a una derrota segura. Es absurdo pensar que serán los que resuelvan nuestros problemas cuando andan como chanchos con el Gobierno, que premia a los patrones como lo hizo en General Motors Cristina Kirchner con sus préstamos de cientos de millones precisamente a la automotriz multinacional más grande del mundo.
Por otra parte, el cambio de patrones no significa en absoluto ningún triunfo para los trabajadores, no representa y nunca representará un beneficio a la clase obrera, no importa el nombre que se pongan o el traje que vistan, los patrones son explotadores, chupasangre, parásitos; entonces no puede ser motivo de alegría, ni mucho menos presentarse como un triunfo el hecho de cambiar de amo pero seguir como los perros con el collar puesto, pero siempre más ajustado. Porque cada uno que llega pone peores condiciones.

Hasta el momento la burguesía viene ganando esta batalla, y sostiene con promesas y agachadas de la burocracia una paz social que provoca hambre y miseria a la familia obrera. Se impone a fuerza de terror, al saber que somos potenciales desocupados. Terror de no poder pagar el alquiler o el crédito, de sumir a las familias en la miseria de la desocupación. Por medio de este terrorismo las patronales nos están haciendo pagar la crisis. Muchos prefieren agachar la cabeza, muchos se resignan y de esa manera contribuyen a que la patronal siga pisandola.

Es por eso compañeros que seguiremos insistiendo en la urgente necesidad de poner en pie el clasismo, la organización obrera y popular que no se ate a las patronales, los partidos burgueses, el Estado y la burocracia sindical. Insistimos en la importancia de presentar batalla organizada, con reivindicaciones claras, con acciones contundentes. Retomar el camino del clasismo, de la voluntad de lucha que todos los trabajadores llevamos dentro para que ese odio que nos embarga  nos potencie y nos de la fuerza y la claridad que se necesita para poner las cosas en su lugar, para dar vuelta la tortilla y que, como dice una vieja canción de combate, "los pobres coman pan y los ricos mierda, mierda".

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